Pasaban las semanas y
el grandioso despliegue militar de Trump frente a Venezuela no resolvía nada.
Todos se preguntaban cuando sería el momento y algunos nos desesperábamos
pensando en que Venezuela merecía el fin de la pesadilla.
Pasó la Navidad y el
Año nuevo y quizás cuando más relajados estaban los guardianes de Maduro, Trump
lanzó su ataque relámpago.
Las acciones, las formas
y los tiempos de Trump te gustarán más o menos, pero está claro que tiene su
agenda y que la cumple.
Y al día siguiente de
capturar a Maduro … habla de una transición y de contar con Delcy Rodríguez
para sorpresa de todos. Parece como si hubiera estudiado el método de la
transición española donde todo se hizo “de la ley a la ley”; neutralizado
Maduro, la ley venezolana – nos guste o no- establece que asuma el poder la
vicepresidenta.
A nadie le gusta ver
a Delcy al mando bajo la supervisión de EE. UU., ni a los chavistas puros, ni a
los demócratas y contrarios a la dictadura bolivariana, ni a los que quisieran
ver al otro día a María Corina y Edmundo en el Palacio de Miraflores.
Pero la realidad es
la que es. EE. UU. no ha invadido Venezuela y no hay ni un solo soldado de
Trump allí.
María Corina y Edmundo
durarían en Caracas menos que un caramelo a la puerta de un colegio.
Hay algunas lecciones
claras. Delcy y el mundo saben que la pueden eliminar en horas cuando se lo propongan.
La solución no va a
gustar a casi nadie, pero es la más posibilista. Nadie sabe la agenda de Trump,
pero es seguro que la tiene.
Las personas de bien
queremos que Venezuela viva en democracia lo más pronto posible, que todos los
criminales del entorno de Maduro paguen sus fechorías y en clave española que Rodríguez
Zapatero y el resto de chusma purguen sus culpas. Sólo nos cabe esperar que
todo eso esté en la agenda de Trump.
Señor Trump, ponga
todo eso en su agenda.
Alfonso Ruano
05/01/26
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