La izquierda está
acabada. No porque la derecha lo haga muy bien o porque lo hayan establecido sesudos
intelectuales; no porque sus doctrinas económicas hayan fracasado siempre u
otras posibles explicaciones.
La izquierda en el
mundo occidental está muerta por suicidio.
Como he dicho otras
veces existe la alianza izquierda-globalismo-islam. Una alianza que no se ha
firmado en un papel sobre una mesa pero que es tácita al confluir los intereses
de esos tres movimientos tan dispares en un objetivo: la destrucción de la
#CivilizaciónOccidental.
La izquierda está
entregada a todo lo woke. El fanatismo talibán climático, un indigenismo
infantil, un feminismo extremo de #femilocas que no actúa en el tercer mundo,
una animalismo absurdo y fanático, una colectivización grosera y sesgada de las
personas homosexuales, racismo contra los blancos, etc.
Al mismo tiempo, la
izquierda es permisiva con el islam, lo fomenta y le consiente todas sus
barbaridades: su expansionismo invasivo, su absoluta degradación de la mujer,
su intolerancia, su persecución y violencia contra el homosexual, su
comprensión hacia el terrorismo, su imposición cultural en todos los aspectos
de la vida (vestimentas, alimentos, música, mascotas, etc.), su incomprensión
ante un movimiento que es más político de dominación que religioso.
Woke, cuatro letras,
islam, cinco letras. Nueve letras que hablan de dos realidades que juntas son aún
más dispares, absurdas, contradictorias y que necesariamente tiene que chocar.
La izquierda se
empeña en impulsar esas dos realidades, pero esas realidades que separadas son
rechazables, juntas son un explosivo.
El explosivo les
estalla todos los días en su cara y les da golpes de sentido común lo que hace
que cada día sean más las personas que huyen de la izquierda como de la peste cuando
perciben – a veces de repente-, que todos sus postulados son mentira, sin
ningún sentido y a veces contradictorios como las nueve letras: woke e islam.
Alfonso Ruano
06/01/26
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